Cuando la propaganda política usa la religión y disfraza a los lobos de ovejas.

Cuando la propaganda política usa la religión y disfraza a los lobos de ovejas.

Entrevista al profesor de ética política Rocco D’Ambrosio: “El papa Francisco provoca miedo a quien gobierna mal y a las dictaduras blandas que explotan la religión”

El político lobo disfrazado de oveja usa hoy símbolos religiosos y perpetúa un modelo ya visto: el dictador primero se presenta como un demócrata, gana las elecciones y luego implanta una dictadura, donde el poder de un hombre necesita de la ignorancia, del miedo de millones, para cumplir sus intereses mezquinos.

En nuestros días, los simpatizantes de los populistas apoyan con entusiasmo a esos líderes demagogos movidos por una pasión idolatra, como la definió el psicólogo social, Erick Fromm, y como confirmó a Aleteia el sacerdote Rocco D’Ambrosioprofesor de filosofía política en la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

“El problema no está solo en exigir elecciones transparentes”, confío el también profesor de Ética política. “Una democracia sin valores, se vuelve fácilmente en dictadura y termina traicionando al pueblo”. “Los más débiles son víctimas económicas y culturales, y todo el sistema, que se debilita”, alertó D’Ambrosio.

Dictadura blanda.

Hoy ya no se habla de dictaduras, sino de dictaduras blandas. “Parece una democracia, pero, en cambio, es una dictadura porque son manipulados los medios de comunicación, la opinión pública, los intereses económicos que benefician solo a algunas personas, etc”. 

En este contexto, “existe una fuerte oposición contra el papa Francisco que provoca miedo a quien gobierna mal”, pues con sus enseñanzas “estos manipuladores se siente en crisis” y  se “desenmascara a estos sistemas”. El Papa alerta: “Cuidado con votar democráticamente nuevos dictadores”. 

Movimientos agnósticos.

El agnosticismo político evoca el poder divino del hombre fuerte que se viste del traje de mesías, el autoproclamado “luz en la oscuridad”, se presenta ante el pueblo como “el ungido delante del mal y el profeta anticipador de desgracias”. “El papa Francisco ha recordado que el populismo explota el miedo”.

Símbolos religiosos.

“En la historia siempre ha habido quienes usan la religión con fines políticos o electorales, alardeando de símbolos de la fe, con frases blasfemas incluidas. ¡Nada nuevo bajo el sol! En diversos momentos, estos sujetos han explotado la religión de diferentes maneras: ideológica, fundamentalista, astuta, estúpida, cómica, llamativa, institucional, etc”. 

“Debemos preocuparnos no sólo por la reaparición de estos sujetos demagógicos y dictatoriales, sino también, y sobre todo, por la multiplicación de aquellos que, por convicción o ignorancia, son sus seguidores”, añadió. 

Estupidez.

“Las redes sociales, nuestras asociaciones y partidos, los círculos católicos ofrecen una amplia gama de personas que escriben tonterías o vergüenzas, alabando el fascismo o el racismo”. 

El profesor de la Gregoriana se refirió a “aquellos que han recibido entrenamiento civil y / o cristiano y hoy son los primeros en aplaudir a los populistas y nacionalistas de último minuto”.

Y citó a “Dietrich Bonhoeffer que escribió: “Mas bien me parece que se trata de una ley socio-psicológica: El poder de uno, requiere la estupidez de otros”.

Ignorancia.

“La ignorancia parece ser la base sobre la cual crece esta pasión idólatra”, antes mencionada. “No es casualidad que don Lorenzo Milani (1923 – 1967), sacerdote italiano que creyó en la política como la más alta forma de caridad, “escribiera en la pared del aula de clases donde enseñaba: el obrero sabe 100 palabras, el jefe 1000, por eso es el jefe”. 

“Es el conocimiento, en primer lugar, lo que hizo a alguien un líder y el obrero a menudo sufre precisamente porque sabe menos. Es la ignorancia de los ciudadanos uno de los elementos que fortalece a los nuevos líderes demagogos”, aseguró D’Ambrosio.

Manipulación.

Además de la implicación ética, poco respetuosa de “nombrar en vano a Dios” y utilizar la religión con fines de propaganda políticapropaganda electoral, mezcladas con los símbolos religiosos.

Así, persiste la “manipulación de las personas más pobres culturalmente que dicen: ‘Mira ese es un gran líder, muy religioso, cita a la Virgen María, muestra el Rosario’. Naturalmente, una persona más preparada sabe que ese líder lo hace en términos instrumentales y está manipulando a las personas sencillas”. 

Participación.

Por  lo tanto, la ignorancia, la falta de formación, producen como resultado “falta de participación en los procesos democráticos” y “generan las diferentes formas de populismo”. 

Los obispos de América Latina en Aparecida, entre ellos, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, denunciaron tal realidad: “Vemos con preocupación el acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de corte neopopulista”.

Democracia.

Entonces, “no basta una democracia puramente formal, fundada en la transparencia de los procedimientos electorales, sino que es necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y el respeto de los derechos humanos”. 

Los políticos lobos están en contra del principio de laicidad del Estado. “El Concilio Vaticano afirma que la comunidad religiosa y la comunidad política son autónomas e independientes en su orden”.

Leyes.

El experto también valoró que los populistas tienen alergia al respeto del orden constitucional. “La relación demagógica con las masas es inversamente proporcional al cumplimiento de las leyes y regulaciones vigentes”, expresó.

Populismo.

En este escenario, cabe recordar que el término populismo “nace al final del ochocientos, en Rusia, y desde su origen, no se presenta como una doctrina sistemática, sino como una actitud política, y mental, cambiante en el tiempo, y en las diferentes realidades”. 

Es una “actitud”, indica el profesor D’Ambrosio, con dos caras de la medalla, importantes: “El pueblo y el líder”.  Se trata de un pueblo masa, es decir, no definido, agrupado por “necesidades económicas y en crisis, huérfano, sin representantes aparentes que velen por sus intereses”. 

Chivo expiatorio.

Ese pueblo se siente asediado o piensa resistir a “algunos enemigos sociales históricos: ‘judíos, inmigrantes, negros, etc..’ Un pueblo que vive en constante ambigüedad o precariedad”. 

“Los discursos populistas de todos los tiempos consideran al pueblo” como ‘una parte’ de la población que es víctima “explotada por fuerzas dominantes”, y, en otros discursos, “es el ‘todo’ que representa el rostro social y de políticas superiores”. 

Mesías.

De esta manera, al pueblo se le presenta “un líder que tiene la pretensión de ser el único idóneo para representarlo”, argumentó. 

El experto citó al sociólogo Max Weber (1864-1920) que describió la “democratización activa de las masas”, que sucede cuando un “líder político […] contiene la confianza y la fe de las mismas” y ya no proviene de un “grupo de notables”, donde ha demostrado méritos y capacidades de liderazgo, sino que se impone por otros medios y de propaganda electoral. 

Por ende, ese líder usa la “demagogia de masas” y esto incide en “un giro cesarístico en la selección” del liderazgo. Y, en realidad, “todas las democracias tienden a eso”.

Giro cesarístico.

El profesor de ética de la Universidad Gregoria rememora que en el 900, este “giro cesarístico” ha hecho pagar un alto precio a “muchos partidos políticos en las democracias occidentales”. 

El punto de inflexión cesarista fue provocado o favorecido por dinámicas tales como: inmadurez personal, corrupción, organizaciones monolíticas, empobrecimiento de los medios de control, escasa participación ciudadana”.

Exclusión de jóvenes.

“Esos partidos, se han convertido así en verdaderos feudos, organizaciones en las que es poco probable que las nuevas partes interesadas, especialmente los jóvenes, puedan acercarse, participar y aspirar a puestos de responsabilidad”. 

En esta dimensión, el poder es concebido para dominar y dividir. “Entonces sucede que el líder de esta factura no solo no tolera formas genuinas y auténticas de relaciones de poder, sino que tiende a expandir su modelo en todas las direcciones. En otras palabras, este tipo de poder se auto-replica muy fácilmente”.

Poder narcótico.

El Papa ha denunciado el populismo, pero muchos fieles católicos y pastores no parecen escucharlo. El profesor de ética, argumentó, “el psicólogo Kets De Vries lo dijo muy bien: el poder es un gran narcótico: da la vida, nos nutre, nos hace esclavos”. 

El Obispo de Roma ha advertido de ese mal que toca a políticos, empresarios y eclesiásticos por igual. “Nada nuevo: La historia bíblica, que sabemos bien, tiene muchas referencias a aquellos que abandonan el camino de Dios para convertirse en esclavos del dinero y el poder”, añade el profesor. 

Fatalidad ineludible.

D’Ambrosio asegura que el “desorden espiritual” de nuestro tiempo, tampoco es una “fatalidad ineludible”, se puede cambiar, porque cada uno de nosotros tiene los medios para superar estos obstáculos. “Cada uno puede hacer su papel para evitar vivir esta locura y ordenar la propia vida”, a pesar de los “populistas” y “demagogos” de cualquier latitud, parafraseando a Eric Voegelin, afirmó.

Esperanza.

“El Evangelio enseña que debemos aplicar el discernimiento continuamente sobre el mundo social, político, económico. Porque en el mundo existe el mal y el bien. Por lo tanto, debemos discernir donde está el grano y la cizaña”. Asimismo, insiste, “en la esperanza que está en la formación de los cristianos”.

 

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